Saltar de la televisión al libro no es ninguna anomalía cultural. Actores, conductores, periodistas, presentadores, humoristas, figurones y pajarones, muchos de ellos aprovechan el trampolín televisivo para lanzarse en las sucias aguas del mundo editorial. Lo de veras interesante sucede cuando aquellos que dan el salto son personajes de programas de ficción. No digo al estilo "La filosofía de House: Todos mienten", el libro de 2009 compilado por William Irwin y Henry Jacoby, donde un grupo de filósofos analiza la serie House M.D. (2004) valiéndose de Sócrates, Sartre o Nietzsche. Digo, más bien, cuando los personajes de las ficciones televisivas escriben libros.
Está claro que no son los personajes quienes los escriben, sino escritores que hablan en su nombre y se imaginan qué diría o haría tal personaje ante tal situación. Pero, en términos prácticos, tendemos a aceptar que tal personaje escribió tal libro. A fin de cuentas, sería más interesante un libro escrito por Gregory House y no por sus exégetas filosóficos.
Pensaba en esto, la otra tarde, cuando me encontré en una librería de viejos con un volumen escrito por John Locke, el pelado en silla de ruedas de la serie Lost (2004). No sabía que había un libro firmado por Locke. Estaba de oferta y lo compré. No lo leí completo, sólo miré por encima las primeras páginas. El tono críptico resultó decepcionante. Ninguna mención a Hugo, Sawyer, Jack, Kate, Ben o mi preferida, la Dra. Juliet Burke. Tampoco hace referencia a la iniciativa Dharma, ni a los osos polares. Tal vez lo haga más adelante, pero por ahora viene aburrido.
"Ensayo sobre el gobierno civil", se llama el libro de Locke.
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