Marga y CarpeDiem son dos nombres que tranquilamente podrían funcionar como santo y seña para enterados. Pues la separación es absoluta: o bien se sabe de qué se está hablando, o bien no se tiene la menor idea de quiénes, o qué, son Marga y CarpeDiem. No hay nada en el medio: el espacio está vacío.
De alguna manera, y ahora que lo escribo me percato de ello, Marga y CarpeDiem deben estar infringiendo la ley según algunas jurisprudencias, según algunas interpretaciones de las normas jurídicas. Y según esas mismas jurisprudencias, el hecho de saber qué, o quiénes, son Marga y CarpeDiem significa que también uno está infringiendo la ley.
Estamos hablando de subtítulos, en tanto traducción de los diálogos de algún producto audiovisual. Más específicamente, hablamos de los subtítulos de las series de televisión y las películas que se cargan, distribuyen y descargan en Internet. Los subtítulos no vienen “pegados” a la imagen. Hay que agregarlos. Pero antes, alguien debió hacer la traducción, la sincronización, corrección y demás. Y aquí es donde aparecen Marga y CarpeDiem.
Debo decir que descargo mucho y a lo pavote. Libros, revistas, papers, programas, juegos, música, todo lo que hay para descargar, lo descargo. Dicen que es ilegal y que los autores no cobran regalías por su trabajo. Eso puede llegar a ser cierto. Pero, hasta que Interpol no tire abajo mi puerta, no tengo intenciones de cambiar estas pautas de comportamiento. No digo que esté bien y no voy a justificarme con algún discurso anarco-libertario sobre el copyright; digo que es lo que hay.
A la cabeza de las descargas están las películas (nuevas, viejas, recién estrenadas, todavía sin estrenar) y las series de televisión: temporadas completas de clásicos y no tan clásicos, capítulos puestos al aire sólo cinco minutos antes de que el torrent comience su labor. La mayor parte de lo descargado viene en inglés. En general uso subtítulos, supongo que por costumbre. Podría arreglármelas tranquilamente sin ellos, pero el hábito hace al monje y, además, la falta de subtítulos supone mayor concentración. Y si en general mi concentración es casi nula, a la hora de mirar productos audiovisuales desciende a menos diez. Si no pongo atención para cruzar la calle, ¿debería poner atención a lo que dice Buffy antes de estacar un vampiro?
Así, descargando subtítulos casi diariamente, algunos nombres de subtituladores fueron apareciendo una y otra vez a lo largo de los años. Marga y CarpeDiem se cuentan entre ellos. Ahora, cuando busco subtítulos, mi primera opción son los suyos, que forman parte de un foro llamado Subs-Team. La traducción es óptima, están bien la gramática y la ortografía, también la sincronización y los tiempos. Hacen un muy buen trabajo, y lo que es todavía más interesante: lo hacen por hobbie.
Son, por decirlo de algún modo, subtituladores aficionados.
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