Toda historia es coyuntural, y ésa debería ser su primera cláusula epistemológica. Si se sigue el lugar común de que la prensa es la primera versión de la historia, entonces la segunda condición epistemológica es tener presente que esta primera versión de la historia es doblemente coyuntural. Soslayar estas premisas significa ignorar el modo en que se construye el conocimiento, el sentido social y todas las categorías de adscripción cultural que nos permiten movernos en la vida cotidiana.
Digo esto a propósito del puterío del abuelito usurero del Presidente Néstor Kirchner. Cuando el hecho histórico se combina con la portada del matutino, la condición epistemológica se convierte en el juego de la carta robada: todos la ven y entonces nadie la ve.
El relato podría comenzar en cualquier sitio. A fin de crear expectativas ―de proponer una afirmación desprovista de contexto cuya exégesis supone dedicar tiempo de consumo a la baratija que uno ha lanzado al mercado―, diría que un buen punto de partida podría ser una prostituta con las tetas al aire, en una madrugada del invierno de 1998, hundiendo sus botas rojas en la nieve acumulada en las afueras de la ciudad de Río Gallegos, capital de la Provincia de Santa Cruz, que quizás ignorando la propia coyuntura de su enunciación, exclama ante un grupo de recién llegados:
―¡¿Y estos marcianos de dónde salieron?!
Encabezando el grupo de recién llegados, pienso: hay una prostituta desnuda en la nieve llamándome marciano.
Quiero decir: ¡una prostituta desnuda en medio de la nieve me llama, a mí, marciano!
¿No hay algo mal en la escena?
Ahora avanzamos más de una década. Pero, al avanzar, debemos retroceder. En la edición del matutino Página 12 del jueves 11 de febrero de 2010, el historiador y escritor Osvaldo Bayer anota: “Cuando hace más de treinta años escribí mi investigación de las huelgas patagónicas, no pensé nunca que mis textos se iban a utilizar para atacar a quien luego fue presidente de la Nación, Néstor Kirchner”.
La afirmación tiene un contexto que debe ser explicado, y cuyo punto de inicio, también debidamente coyuntural, es posible ubicar aquí o allá. Tercera condición epistemológica: la arbitrariedad del punto de inicio, a la luz de la coyuntura, nunca es inocente. Tengo mis valores, tengo mis ideas, tengo mis intereses en juego y tengo desprecios apenas contenidos. El punto de inicio, al igual que la historia cuyo comienzo señala, es arbitrario pero no gratuito.
Nunca confíes plenamente en la historia. No pongas las manos en el fuego por ella.
Mucho menos, por su primera versión.
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