domingo 1 de febrero de 2009

En qué desperdicié enero (4 de 4)

Había una vez... ¡un circo!

Bueno, esto es una estafa. ¿Dónde están los monos travestidos? ¿Y los leones? ¿Y los elefantes que se paran en banquitos? ¿Ni siquiera hay un perrito pequinés saltando un aro de fuego? ¿Y el tragasables? ¿El tipo de los cuchillos? ¿La mujer serruchada al medio? ¿Un mago con galera? ¿Un payaso? ¿Algo?

El mundo moderno es tan moderno que aburre.

Un circo sin bichos amaestrados y sin mujeres serruchadas es como un sándwich de jamón y queso sin pan, sin jamón, sin queso, sin mayonesa y sin el práctico escarbadientes que mantiene unidas las partes. Y sin la palabra “sándwich”.

Cae la tarde en la Avenida de Mayo al 500, frente a la Casa de la Cultura. “Todos a la pista”, se llama el espectáculo al aire libre, que suma una veintena de artistas circenses contemporáneos. La palabra clave es “contemporáneo”. El circo, al igual que las historietas y las gacetillas (véase aparte), también pretende que le pongan una A mayúscula a la palabra arte. En los últimos veinte años el circo se volvió una cosa seria. Un arte respetable.

La pista sigue siendo circular. Hay una cuerda floja y un trapecio. Un tipo anda en monociclo. De fondo está la Casa Rosada, colgaron banderines, colchonetas por todos lados. Los artistas bailan, saltan, hacen piruetas y siguen la coreografía al pie de la letra. Nunca hablan, ni hacen bromas, ni le piden un pañuelo a un espectador desprevenido. Sólo siguen el baile.

La música (festiva, con toques celtas, tangueros e italianos) nunca se detiene. No hay ningún tamborcillo poniéndole dramatismo al ¡pum! del hombre bala, pues tampoco hay ¡pum! ni hombre bala.

Nouveau Cirque, se llama todo esto. Se aprende en talleres, escuelas, institutos terciarios. Este año la Universidad de 3 de Febrero abre la carrera de Artes del Circo. Dura tres años. Para trabajar en un circo, ahora, se necesita ir a la universidad.

Pero hay que ver al público. Chicos sentados sobre el techo de las garitas de diarios, hombres que toman fotografías, mujeres con sillas playeras, montones de turistas. Hay que observar cómo miran a los malabaristas, a la trapecista, al tipo que se pone a saltar la soga en la cuerda floja. Hay que escuchar los “¡ohhhhh!”, los “¡ahhhhh!”, los “¡uhhhhh!”, tan coordinados que parecen ensayados. Hay que observar cómo miran lo que sucede en la pista, cómo se voltean cada tanto para mirarse entre sí. Hay que prestar atención a sus expresiones.

El circo, aún este circo que hace veinte años no se hubiese considerado “circo” sino “baile” o “musical”, sigue teniendo algo... innegable. Es la mejor definición. No se puede explicitar con exactitud qué es eso innegable, sólo que es... innegable. Sorpresa, asombro, fascinación, quién sabe.

La magia del circo estuvo siempre en sus golpes de efecto (tamborcillo y... ¡pum!). Mientras no pierda ese recurso en su paso de espectáculo orillero a arte respetable, eso innegable seguirá ahí. Haya o no monos travestidos.


¿La Costanera Sur es nueva?

La Costanera Sur se llena de vida los fines de semana. Ferias de artesanos y de antigüedades, puestos de comidas, vendedores ambulantes, juegos infantiles, espacios verdes con olor a eucalipto, gente haciendo deporte, tomando sol, paseando. Muchos son atraídos por la “música urbana” del Anfiteatro de Calabria y Rosario Vera Peñaloza. Está bueno verlos caminando por el bulevar de Vera Peñaloza. Miran los modernos faroles, el cuidado césped, los bancos, bebederos, las torres de fondo. Algunos no dicen nada, pero se les nota. Otros sí lo dicen en voz alta: “¿Esto es nuevo?”, “No parece Buenos Aires”, “¿Y esto cuándo lo hicieron?”. Y seguro que muchos viven, trabajan o estudian a unas pocas cuadras. Misteriosa Buenos Aires.


Bertolt Brecht is a punk rocker

Los pibes se acercan a la mesa del barcito céntrico, piden autógrafos, se sacan fotos. Campino se ríe y obedece. Nacido en 1962, hijo de un importante magistrado y descendiente del matemático Gottlob Frege, es el cantante de Die Toten Hosen, banda punk alemana con un cuarto de siglo de trayectoria, popularísima en su país y muy respetada en otros. Tocaron en Argentina por primera vez en 1992 y desde entonces regresan a actuar, grabar, vacacionar. Una pareja de turistas alemanes, mayores ellos, se arrima a la mesa. No parecen típicos fans. Le comentan que lo vieron en el Admiralspalast de Berlín y que fue fantástico. Es que Campino a veces despunta su vicio de actor: en 2006, en la reapertura del centenario teatro, interpretó a Mack the Knife en “La ópera de 25 centavos” de Bertolt Brecht, con dirección de Klaus Maria Brandauer. Ahora se lo puede ver protagonizando “Palermo shooting”, la última película de Wim Wenders, estrenada en Cannes. Hey ho let’s go, dirían los Ramones.


Las gacetillas también son arte

Historietas, grafitis, publicidad, circo, la lista de aspirantes es infinita. Todo el mundo espera que lo que hace o consume sea considerado Arte, con mayúsculas, ¿y por qué no sumar también a las gacetillas de prensa? En el futuro, cuando en Ñ salgan notas como “La gacetilla es arte”, nadie omitirá al pionero Juan Pablo Correa. Sus gacetillas (para clientes como Sara García Uriburu, Villa Ocampo, El Elefante Blanco) son relatos intimistas, confesionales. A propósito de un encuentro literario en el Hotel Ostende, escribió en la gacetilla: “Una pequeña antología de frases que he escuchado: ‘¿Vamos a fumar un porro?’, ‘¡No! No quiero tratarlo bien a Fulano’, ‘Odio que me manden power points’, ‘El aburrimiento es ansiedad’, ‘Para mí la moral es condescendencia’, ‘Mi padre me decía: no te limpies antes de cagar’, ‘No hablemos de mí porque me aburre’, ‘Me parece que en otros países no se ven las panzas que se ven acá. Debe ser por el pan’. Una de las huéspedes me intercepta en un pasillo y me dice: ‘Che, me tenés que mandar tus mails. El otro día alguien me dijo que le producen una gran irritación pero no puede dejar de leerlos’". Algo de eso hay.

(+) Marcelo Pisarro, Flora y fauna, Revista Ñ, 279, Diario Clarín, sábado 31 de enero de 2009.