
Es buenísimo el Museo del Comunismo de Praga, República Checa. Está arriba de un local de McDonald’s. Se pueden ver todas esas cosas que ya no se pueden ver en otros lugares: estatuas, carteles, publicaciones, propaganda.
En términos formales, el museo es malo: el espacio es pequeño y los objetos se amontonan caóticamente. No tienen contexto, ni demasiadas explicaciones. A su vez, es ese clima de cambalache lo que atrae visitantes de todo el mundo que, tras comer un Big Mac, van a pegarle un vistazo a lo que quedó de la Primavera de Praga y de la invasión soviética a la por entonces Checoslovaquia.
Acá el sitio del museo, ¡con e-cards comunistas para enviarles a tus amiguitos!
