lunes 6 de abril de 2009

¿Galtieri querría a los pingüinos?

Hace más de 25 años que la bióloga norteamericana Dee Boersma estudia los pingüinos de Punta Tombo, en Chubut. Esta semana, el New York Times le preguntó cómo llegó allí. “A comienzos de los 80, una compañía japonesa le dijo al gobierno argentino: ‘Nos gustaría obtener una concesión para recolectar sus pingüinos y convertirlos en aceite, proteínas y guantes’. Hubo una protesta pública. Esto fue durante la dictadura militar, cuando los disidentes eran arrojados al océano desde aviones. Aún así, la gente se negó a que recolectaran sus pingüinos. Entonces el régimen militar hizo lo que haría cualquier gobierno que atraviesa una controversia; dijeron: ‘Hagamos un estudio’”. Así llegó, en 1982. Décadas después, ya puede responder los grandes interrogantes de nuestro tiempo: ¿Por qué “La marcha de los pingüinos” fue un éxito de taquilla? “Porque la gente se identifica con los pingüinos. Son aves curiosas. Caminan erguidos. Se visten bien. Son altamente sociables. Conocen a sus vecinos. Se juntan. Y algunos hasta se divorcian”. 

domingo 5 de abril de 2009

GOD S.A., el regreso

“God is back” es el nuevo libro de John Micklethwait y Adrian Wooldridge. ¿La tesis? Que la religión está volviendo a la vida pública con nuevos bríos y que las fuerzas de la modernidad (tecnología, democracia, elección y libertad) refuerzan este regreso. “La religión se está convirtiendo en una cuestión de elección”, proponen. Al presentarse como decisión individual más que como imposición colectiva, “la religión está conducida por los mismos dos elementos que han hecho triunfar al mercado capitalista: competencia y elección”. Desde el Iluminismo los intelectuales concluyeron que la modernización acabaría con la religión; no fue así. La caída del comunismo, la globalización, hicieron del creyente un cliente, formalizaron un mercado religioso definido por reglas empresariales, opciones personalizadas y revelaciones a medida. El estilo de las religiones norteamericanas ―sostienen― es hoy la regla mundial. 

viernes 3 de abril de 2009

Officium Parvum Gothicum

La colección Reediciones y Antologías de la Biblioteca Nacional sumó una impecable edición del estudio del historiador Francisco Corti sobre “Officium Parvum Gothicum - El Libro de Horas de Guillaume de Montbleru”. Concluido en Brujas en 1467, este manuscrito bellamente ilustrado, que llegó a la Biblioteca Pública de Buenos Aires en 1833, contiene un calendario litúrgico, oraciones a Cristo, La Virgen y el Espíritu Santo, salmos penitenciales, letanías y oraciones fúnebres. Incluye un CD con la reproducción completa de la obra. Imperdible. 

jueves 2 de abril de 2009

Carl Schmitt, entre nazis y valores

El alemán Carl Schmitt (1888-1985) es una figura complicada en el mapa de la filosofía política del siglo XX. Relacionado tanto con Benjamin, Derrida, Arendt o Badiou como con el nacionalsocialismo alemán, nadie omite “polémico” y “controversial” para referirse a su obra. La debutante editorial Hydra publica ahora “La tiranía de los valores”, libro de 1979 donde Schmitt afirma que la noción de valor intenta restaurar la responsabilidad humana en un mundo nihilista, pero fracasa, pues al invadir la política, la ética y el derecho sólo genera violencia y agresión. Prólogo del filósofo Jorge Dotti, responsable del voluminoso “Carl Schmitt en Argentina”. Polémico y controversial, claro.

miércoles 1 de abril de 2009

La metafísica sobrevive a todo

Al final no sería desacertado comparar a la metafísica con las cucarachas: aunque se piense que fueron erradicadas de la casa, allí están, prontas a asomar sus antenitas y corretear por la sala de estar. El relato que Dardo Scavino (Buenos Aires, 1964, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Versalles) está siguiendo en El señor, el amante y el poeta. Notas sobre la perennidad de la metafísica, publicado por Eterna Cadencia, es similar: aunque se le haya tirado todo el Flit posible, aunque se la haya dado por muerta y enterrada, la pregunta metafísica no sólo sobrevivió sino que estuvo, y está, en el corazón del pensamiento contemporáneo.

“La metafísica busca conocer el porqué de cualquier cosa, su condición de aparición, y a ese porqué lo llama causa primera. Prima causa, a decir verdad, es la expresión latina que los escolásticos escogieron para traducir una locución griega: arjê. Sólo que arjê no significaba únicamente causa, origen o principio sino también fundamento, soberanía y poder”.

La pregunta de la metafísica ―explica Scavino― es por qué hay algo en vez de nada. Se la juzgó ridícula, pues responderla significaría hablar de algo que existía antes de que existiese algo. Estos interrogantes, creía Kant, desembocan en antinomias y paralogismos insuperables, así que lo más recomendable es no hacerse estas preguntas y, ante todo, no intentar responderlas. Antes de que hubiese algo no había nada; y nada (o sea, alguna cosa) surge de la nada. Y sin embargo, aunque el pensamiento moderno haya renunciado a estas cuestiones, la arjê, “olvidada, irrelevada, latente o, si se prefiere, inaudita, sigue siendo el asunto filosófico por excelencia donde está en juego la cuestión de la alienación y la desalienación del hombre, de su sujeción o su de-sujeción a los poderes de turno”.

Aunque con diferentes nombres y formas, a esta pregunta por la arjê se la encuentra en Friedrich Nietzsche, en Aristóteles, Richard Rorty, Jacques Lacan, Judith Butler, David Hume, Jacques Derrida y en cualquiera que se pregunte por la dominación o el poder. “El día en que Michel Foucault anunció que su pensamiento era una ‘arqueología’ o una ‘genealogía’, tampoco se desvió de la dirección señalada dos mil quinientos años antes por los filósofos griegos. La metafísica siempre fue un discurso sobre el génos o la arjê, y por este motivo se convirtió en la rival de esos mitos que hasta entonces narraban esos orígenes, aunque a veces ―y a decir verdad, muchas veces― ella misma elaborase narraciones semejantes, sobre todo a la hora de abordar la cuestión de los comienzos, los fundamentos o los principios”.

En sus versiones metafísica y teológica-política, afirma Scavino, la arjê ha recibido numerosos nombres a lo largo del tiempo: Uno, Dios, Sujeto, producción, poder, significante-amo, performatividad, poeta vigoroso, clinamen, acontecimiento, archi-huella, y más. “Estos nombres suelen aludir a una excepción, un fundador excesivo, pavoroso, unheimlich, ápolis, obsceno o sacer, un centro marginal, para proseguir con los oxímoron, en donde la filosofía encuentra un límite, un silencio místico o traumático, que la lleva a bascular hacia la poesía o hacia la narración mítica. Cada época se da así sus fundamentos y se confronta, por consiguiente, con algún indecible. Y cada época ve aparecer en torno a estos indecibles a sus poetas. Desde muy temprano, no obstante, la propia metafísica comprendió que ese indecible no era, paradójicamente, sino el decir mismo”.  

Nietzsche anunció la voluntad de poder del ser humano, el deseo de dominar todos los entes (personas, otras especies, la tierra). La voluntad divina se sustituyó por la voluntad humana. Las especies vivas se convirtieron en una suma de contingencias evolutivas; los átomos de la materia se volvieron manipulables. “La naturaleza no tiene ninguna ‘naturaleza’, ninguna ‘esencia’, ninguna ‘identidad’ eterna e inmutable. Sólo hay, para nosotros, contingencias más o menos perdurables. Nada le impide al hombre modificarlas, y como nada se lo impide, lo hace y lo va a seguir haciendo”.

Este nuevo escenario supone preguntas que, en las ciencias humanas, parecen responderse en el campo de la biogenética, la neurobiología, el cognitivismo y la etología. Sin embargo, propone Scavino, la pregunta metafísica perdura. “Desplazamos la arjê para decirnos que el hombre tal como lo conocemos, el hombre de la bio-genética y la física sub-atómica, el hombre de los organismos genéticamente modificados y las centrales nucleares, también obedece y responde a un llamado, aunque ese llamado no provenga de una voz inaudible sino de su propia voz, de las palabras que profiere cada día cuando se consagra a la ciencia, a la política, a la poesía e incluso al amor”. La filosofía debe preguntarse no si el conocimiento científico es ético, sino a qué llamado histórico obedece. Es lo que la metafísica siempre quiso saber, y todavía continúa en eso.  


(+) Marcelo Pisarro, Revista Ñ, Diario Clarín, 28 de marzo de 2009.

sábado 21 de marzo de 2009

Estudios de género: un montón de mierda

Leo en el diario de la mañana que el Parlamento Europeo ha publicado un manual de estilo para acabar con el sexismo y la discriminación contra la mujer. Entre las interesantísimas propuestas se destaca, por ejemplo, que ya no debemos decir “médicos” sino “personas que ejercen la medicina”
Una tal Mabel Burín, directora del Programa de Género y Subjetividad de UCES, dice: “Esta es una batalla en el plano simbólico. Para muchos parecerá una estupidez e intentarán ridiculizarlo, pero hay que pensar que las palabras no son neutras, tienen sexo. Si el mundo está designado en masculino -pensemos en 'el hombre' como raza humana-, las mujeres nos quedamos afuera: somos las 'no dichas'".
Sí, mujer. Es una estupidez y los estudios de género son una estupidez. Superchería académica. Filosofía marica hipostasiada. Feminismo berreta racionalizado. Un montón de mierda. 
Por lo demás, prefiero no repetir los mismos argumentos de siempre, así que si a alguien le interesa, unos pocos artículos de Nerds All Star versión 1.0:

Y no sigo, porque temo que un grupo de lesbianas gritonas me haga un escrache. Para eso sirven los UBACyT. 

PD: Acá el informe oficial de la Eurocámara sobre el lenguaje sexista. Precioso, de veras.

domingo 22 de febrero de 2009

Una gambeta al lugar común

Buenos Aires está pegajosa en el Día de San Valentín. Calor insoportable, asfalto reblandecido, gente grande cargando osos de peluche. Atardece en Costanera Sur cuando Palo Pandolfo interpreta algunos hits de la bisagra años 80/90: agua tónica en la dulzura pop. “Ella vendrá/ y al fin el techo dejara de aplastarme/ Dejará de verme/ Solitario besando mi almohada/ Solitario quemando mi cama/ Solitario esperándote”, canta cortesía de Don Cornelio y La Zona, 1987, y más tarde, cortesía de Los Visitantes en 1993: “Tiempo, tiempo sin una palabra/ viajes, soledad y depresión/ Y al fin -suerte- su destino/ ella sola y otra ropa/ Y en el silencio del cuarto/ otro color en la silla”. La melancolía oscura queda flotando en el aire. “Gracias, salud y...”, dice Pandolfo, y ahí se queda, como para no decir “dinero”, por superficial, ni “amor”, por trivial. 

(+) Marcelo Pisarro, Flora y fauna, Revista Ñ, 282, Diario Clarín, sábado 21 de febrero de 2009.

domingo 1 de febrero de 2009

En qué desperdicié enero (4 de 4)


Había una vez... ¡un circo!


Bueno, esto es una estafa. ¿Dónde están los monos travestidos? ¿Y los leones? ¿Y los elefantes que se paran en banquitos? ¿Ni siquiera hay un perrito pequinés saltando un aro de fuego? ¿Y el tragasables? ¿El tipo de los cuchillos? ¿La mujer serruchada al medio? ¿Un mago con galera? ¿Un payaso? ¿Algo? 
El mundo moderno es tan moderno que aburre. 
Un circo sin bichos amaestrados y sin mujeres serruchadas es como un sándwich de jamón y queso sin pan, sin jamón, sin queso, sin mayonesa y sin el práctico escarbadientes que mantiene unidas las partes. Y sin la palabra “sándwich”.
Cae la tarde en la Avenida de Mayo al 500, frente a la Casa de la Cultura. “Todos a la pista”, se llama el espectáculo al aire libre, que suma una veintena de artistas circenses contemporáneos. La palabra clave es “contemporáneo”. El circo, al igual que las historietas y las gacetillas (véase aparte), también pretende que le pongan una A mayúscula a la palabra arte. En los últimos veinte años el circo se volvió una cosa seria. Un arte respetable. 
La pista sigue siendo circular. Hay una cuerda floja y un trapecio. Un tipo anda en monociclo. De fondo está la Casa Rosada, colgaron banderines, colchonetas por todos lados. Los artistas bailan, saltan, hacen piruetas y siguen la coreografía al pie de la letra. Nunca hablan, ni hacen bromas, ni le piden un pañuelo a un espectador desprevenido. Sólo siguen el baile. 
La música (festiva, con toques celtas, tangueros e italianos) nunca se detiene. No hay ningún tamborcillo poniéndole dramatismo al ¡pum! del hombre bala, pues tampoco hay ¡pum! ni hombre bala.
Nouveau Cirque, se llama todo esto. Se aprende en talleres, escuelas, institutos terciarios. Este año la Universidad de 3 de Febrero abre la carrera de Artes del Circo. Dura tres años. Para trabajar en un circo, ahora, se necesita ir a la universidad. 
Pero hay que ver al público. Chicos sentados sobre el techo de las garitas de diarios, hombres que toman fotografías, mujeres con sillas playeras, montones de turistas. Hay que observar cómo miran a los malabaristas, a la trapecista, al tipo que se pone a saltar la soga en la cuerda floja. Hay que escuchar los “¡ohhhhh!”, los “¡ahhhhh!”, los “¡uhhhhh!”, tan coordinados que parecen ensayados. Hay que observar cómo miran lo que sucede en la pista, cómo se voltean cada tanto para mirarse entre sí. Hay que prestar atención a sus expresiones. 
El circo, aún este circo que hace veinte años no se hubiese considerado “circo” sino “baile” o “musical”, sigue teniendo algo... innegable. Es la mejor definición. No se puede explicitar con exactitud qué es eso innegable, sólo que es... innegable. Sorpresa, asombro, fascinación, quién sabe. 
La magia del circo estuvo siempre en sus golpes de efecto (tamborcillo y... ¡pum!). Mientras no pierda ese recurso en su paso de espectáculo orillero a arte respetable, eso innegable seguirá ahí. Haya o no monos travestidos. 


¿La Costanera Sur es nueva?

 La Costanera Sur se llena de vida los fines de semana. Ferias de artesanos y de antigüedades, puestos de comidas, vendedores ambulantes, juegos infantiles, espacios verdes con olor a eucalipto, gente haciendo deporte, tomando sol, paseando. Muchos son atraídos por la “música urbana” del Anfiteatro de Calabria y Rosario Vera Peñaloza. Está bueno verlos caminando por el bulevar de Vera Peñaloza. Miran los modernos faroles, el cuidado césped, los bancos, bebederos, las torres de fondo. Algunos no dicen nada, pero se les nota. Otros sí lo dicen en voz alta: “¿Esto es nuevo?”, “No parece Buenos Aires”, “¿Y esto cuándo lo hicieron?”. Y seguro que muchos viven, trabajan o estudian a unas pocas cuadras. Misteriosa Buenos Aires. 


Bertolt Brecht is a punk rocker 

Los pibes se acercan a la mesa del barcito céntrico, piden autógrafos, se sacan fotos. Campino se ríe y obedece. Nacido en 1962, hijo de un importante magistrado y descendiente del matemático Gottlob Frege, es el cantante de Die Toten Hosen, banda punk alemana con un cuarto de siglo de trayectoria, popularísima en su país y muy respetada en otros. Tocaron en Argentina por primera vez en 1992 y desde entonces regresan a actuar, grabar, vacacionar. Una pareja de turistas alemanes, mayores ellos, se arrima a la mesa. No parecen típicos fans. Le comentan que lo vieron en el Admiralspalast de Berlín y que fue fantástico. Es que Campino a veces despunta su vicio de actor: en 2006, en la reapertura del centenario teatro, interpretó a Mack the Knife en “La ópera de 25 centavos” de Bertolt Brecht, con dirección de Klaus Maria Brandauer. Ahora se lo puede ver protagonizando “Palermo shooting”, la última película de Wim Wenders, estrenada en Cannes. Hey ho let’s go, dirían los Ramones.  


Las gacetillas también son arte 

Historietas, grafitis, publicidad, circo, la lista de aspirantes es infinita. Todo el mundo espera que lo que hace o consume sea considerado Arte, con mayúsculas, ¿y por qué no sumar también a las gacetillas de prensa? En el futuro, cuando en Ñ salgan notas como “La gacetilla es arte”, nadie omitirá al pionero Juan Pablo Correa. Sus gacetillas (para clientes como Sara García Uriburu, Villa Ocampo, El Elefante Blanco) son relatos intimistas, confesionales. A propósito de un encuentro literario en el Hotel Ostende, escribió en la gacetilla: “Una pequeña antología de frases que he escuchado: ‘¿Vamos a fumar un porro?’, ‘¡No! No quiero tratarlo bien a Fulano’, ‘Odio que me manden power points’, ‘El aburrimiento es ansiedad’, ‘Para mí la moral es condescendencia’, ‘Mi padre me decía: no te limpies antes de cagar’, ‘No hablemos de mí porque me aburre’, ‘Me parece que en otros países no se ven las panzas que se ven acá. Debe ser por el pan’. Una de las huéspedes me intercepta en un pasillo y me dice: ‘Che, me tenés que mandar tus mails. El otro día alguien me dijo que le producen una gran irritación pero no puede dejar de leerlos’". Algo de eso hay. 

(+) Marcelo Pisarro, Flora y fauna, Revista Ñ, 279, Diario Clarín, sábado 31 de enero de 2009.

domingo 25 de enero de 2009

En qué despercié enero (3 de 4)


Bailando bajo la lluvia

Nuestra vida social tiene un tremendo bache en sus presupuestos culturales aceptados y nosotros acá, lo más panchos, papando moscas como si nada. Necesitamos más convenciones. Necesitamos más comportamientos consensuados. Todos sabemos que si llueve en un partido de fútbol o un concierto de rock al aire libre, el show debe continuar y el público debe mantenerse estoico, por eso de “la pasión” y “el aguante”. Esa es una convención. Si caen dos gotas en un encuentro de tenis, en cambio, se suspende el match y el público corre a buscar refugio como si cayera lluvia ácida. Esa es otra convención.

¿Pero cómo hay que comportarse si llueve cuando el bailarín Iñaqui Urlezaga se propone bailar la versión de “Carmina Burana” de Carl Orff frente al Obelisco? ¿Hay que cancelar todo y correr a buscar refugio? ¿Hay que permanecer bajo la lluvia, reboleando la remera y gritando “¡Eh, aguante Iñaqui!”? ¿Cuál es la convención?

  Miradas hacia el cielo. “¡Se viene, se viene!” finalmente se convirtió en “¡se largó!”. Y se largó nomás, tremendo chaparrón, faltando un rato para iniciarse el espectáculo. Los más tempraneros recogieron sus sillas playeras y huyeron bajo los árboles, toldos, halls de comercios y edificios. ¿Se suspende? Un funcionario importante (importante de veras) preguntó a su equipo de trabajo: “Si se larga diez minutos antes de prender el asado, ¿dejás todo y pedís una pizza?”. Nadie le respondió. 
 La lluvia menguó. La temperatura bajó de 38º a 22º. Alguien tomó el micrófono: “Secamos el escenario y empieza”. 
 Y empezó. 
 Fue como organizar la fiesta de “El Padrino” y que sólo asistieran tres invitados (incluyendo a los novios). La 9 de Julio, cortada y vacía y fantasmal, parecía un ABC de la ciencia ficción. Fuentes oficiales dijeron que hubo 20.000 personas. Exageraban. Los diarios dijeron 10.000, 5.000 y 4.000. También exageraron. 
 Los vendedores ambulantes refunfuñaban. Quienes apostaron a los banquitos y binoculares, perdieron, pues nadie estaba a más de un metro del vallado. Tampoco se vendieron pilotos ni paraguas, pues los paraguas se volaban y los pilotos de bolsa de nylon... son lo menos para ver ballet. Un pelado que vendía pan relleno salió hecho y la pareja de las empanadas santiagueñas habrá llenado el freezer con lo que le sobró. “Ni pungas hay”, se rió un policía. Pero pronto apareció uno y tuvo que correrlo. 
 Un espectáculo de danza frente al Obelisco no tiene nada que ver con la danza. Lo que importa es el “yo testimonial”: yo estuve ahí, viendo en puntitas de pie, a dos cuadras de distancia, cómo Julio Bocca bailó por última vez. 
Una señora con un improvisado dispositivo anti-lluvia (una bolsa de supermercado en la cabeza) se fotografiaba con el escenario de fondo. Yo estuve ahí, podrá decir luego, viendo a Iñaqui bajo la lluvia. 
 Iñaqui, que jugó, por un rato, a ser Gene Kelly. 


El balneario de los pobres

Salió en todos los noticieros: la Ciudad de Buenos Aires tiene ahora dos playas. Una en Parque Roca, otra en Parque de los Niños. Una en el sur, otra en el norte. Una más pobretona, otra menos pobretona. Se llenó de curiosos, periodistas, funcionarios y civiles con ganas de tomar unos mates bajo el sol. Pero en diferentes días, a diferentes horas, se vio también unas extrañas versiones del Jueves de Chesterton. Merodeaban, miraban, se sentaban un rato en la arena. Tienen un nombre estos infiltrados: intelectuales profesionales. Y algunos de renombre. Que nadie se sorprenda si de acá al final del verano los suplementos culturales y revistas domingueras vienen con sesudas crónicas disecando a los veraneantes de estas playas con mar en ducha. Playas que, por cierto, se agradecen. 


Todos contra Brickles

No tiene paz, el pintor Eduardo Iglesias Brickles. “Errores, desinteligencias, desinformación, automatismo, inercia o simplemente negligencia”, escribió en su blog, Testigo Ocular, llevaron a que las agendas culturales anuncien que su muestra “Transiciones”, en el Museo Evita (Lafinur 2988), terminaba el 15 de enero. No es así. Termina el 1º de marzo (y no el 28 de febrero, como se indica en la puerta del museo). También está exponiendo en el C. C. Borges, en “Despertando la mirada”, muestra homenaje a Guido Di Tella que exhibe la impresionante colección de Edward Shaw y María Padilla de Shaw. “¡Ojo con los curadores!”, escribió en dicho blog, al ver dónde habían colgado su obra: presidiendo una puerta clausurada con dos sillas de plástico. No le peguen, es Brickles. 


Milonga aeróbica

Todavía es de día cuando arranca la milonga, organizada por el Gobierno de la Ciudad, frente al Monumento al Tango de Puerto Madero. Lo primero es lo primero, dicen desde el escenario, y antes de bailar hay que aprender. Micrófono inalámbrico en el cachete y los instructores inician la clase. Un centenar de personas obedecen. Es bastante sencillo, anuncia el instructor: “Y... ¡Abro! ¡Abro! ¡Piso! ¡Reboooooto! ¡Vuelvo!”. Y entonces un centenar de personas (hombres de un lado, mujeres del otro) abren, abren, pisan, rebooooootan y vuelven. Es fantástico. Cualquier paseante desprevenido pensará que es una clase de aerobic que, en lugar del punchi-punchi de costumbre, viene en formato tango. Hasta puede que alguien se pregunte: “¿Serán los Tango Pilates de Tamara Di Tella?”. Luego todo se complica. A la fórmula aeróbica original se agregan idas y venidas, vueltas, giros, contoneos, cortes, quebradas, retorcijones. Para seguir el paso se necesita un doctorado en el MIT, caso contrario uno podría morir estrangulado. Cuando la clase finaliza, los bailarines olvidan la fórmula y hacen lo que pueden. No les sale nada mal. Ya cayó la noche y sigue la curiosa milonga, donde los bailarines cargan sus mochilas y bolsos, bajo las relucientes torres de Puerto Madero. 

(+) Marcelo Pisarro, Flora y fauna, Revista Ñ, 278, Diario Clarín, sábado 24 de enero de 2009.

domingo 18 de enero de 2009

En qué despercié enero (2 de 4)


¡Sangre, tripas, vómitos, fluidos corporales! 


 Si uno no tuviese más referencias que el lugar en sí mismo, si hubiese sido teletransportado como el Capitán James T. Kirk y no supiese dónde, apostaría a que se encuentra en algún depósito en ruinas okupado por un colectivo de artistas, vagabundos y teóricos revolucionarios. Hay cierto tipo de roña, de dejadez, que no se actúa. Cierta mugre en las paredes, cierto abandono, cierta rotura en los vidrios, cierto caos que no se escenifica. 
 Pero un letrero en la puerta avisa que se trata de un espacio libre de humo, entonces uno sospecha que en realidad sí es una gran puesta en escena. Y otro letrero dice que disculpen las molestias, que están refaccionando, y entonces sospecha que el desorden no está montado. Y otro letrero indica que los menores de 18 años sólo pueden entrar acompañados por sus padres, y entonces vuelve a la primera sospecha. 
 ¿Esto es de verdad o es cartón pintado?  
 El lugar es la filial de San Telmo de Appetite (la otra está en Brooklyn), galería dirigida por Daniela Luna, recientemente llamada “la Nazarena Vélez de ArteBA”. La muestra, curada por Magalí Pallero, se titula “Gore” y, nazarenavelezmente hablando, los artistas (Gary Baseman, Lux Lindner, Ruy Krygier son algunos) se rajarán las entrañas por llamar tu atención.
Mejor imposible. Allí, en Appetite, funcionaba una carnicería y frigorífico. En la entrada está el mostrador, balanza incluida, muy cerca de la obra donde Superman y Jesús se besan apasionados tras haberse dado maza con sus respectivos superpoderes. 
Uno podría quedarse horas ahí parado, pensándolo: ¿Quién ganaría? ¿Jesús o Superman?
“El Gore, ese género o subgénero del horror con vocación de impacto y metodología explícita donde la sangre chorrea y salpica, y los órganos y vísceras no pueden quedarse en su sitio, es claramente un hijo del cine...” (#@*!), escribió en un volante Ricardo Ottone, a cargo del ciclo fílmico junto a Fabio Manes. “Es sabido: el Gore se pasa por alto los buenos modales y no respeta nada en su afán de impactar”.
 La matiné continuada (¡pandilleros! ¡tripas! ¡culos y tetas! ¡fetos abortados!) no podría ser más grindhouse. Sillón destartalado con pinta de haber sido levantado de la calle, sillas de plástico, puffs con base de cajón de gaseosas. No parecen esperar a más de diez personas, y no se aparecen más de diez personas. 
“Holocausto caníbal” es el número central del programa. Dirigida por Ruggero Deodato y estrenada en 1980, es una verdadera maravilla (si cabe el término) del cine exploitation. Jóvenes documentalistas viajan al Amazonas para filmar a Yanomanos y Shamataris, indios caníbales y violentos. Desaparecen. Llaman a Harold Monroe, famoso antropólogo, para que vaya a rescatarlos. Monroe los encuentra muertos pero recupera sus filmaciones. Un canal de televisión decide emitirlas, pero al ver el bruto descubren que estos documentalistas se dedicaban a matar, violar, quemar y empalar, adjudicarle las canalladas a los primitivos y poner cara de qué terrible, qué horror.
Se la prohibió en decenas de países; a Deodato lo arrestaron por cargos de obscenidad. Y aunque argumento y estética son excusas para filmar violaciones y empalamientos, para matar animales (en serio), también se pueden encontrar pinceladas de Gualtiero Jacopetti, Jean Rouch o Roberto Tossellini. “Querido Ruggero, ¡qué película! ―le escribió Sergio Leone a Deodato―. La segunda parte es una obra de arte del realismo cinematográfico, pero todo parece tan real que vas a meterte en problemas con medio mundo”. 
Imposible decir si la chica de mirada inocente que se acercó a Appetite y cierra los ojos cuando desguazan una tortuga gigante o decapitan un mono, está pensando en Tossellini y Rouch.  
¿Esto es de verdad o es cartón pintado?  
 (#@*!) “...hijo no totalmente reconocido, uno con no muy buen aspecto, del cual papá y mamá no se sentirán orgullosos para dejar entrar sus producciones en el panteón de los consagrados”.  
 Nunca se sabe. Este año, o el siguiente, Deodato estrena secuela: “Caníbales”. 
¿Irá al Bafici o muere en Appetite?


XIX & XXI

 En la Plaza Monseñor de Andrea, en Córdoba y Anchorena, está terminando “Inmigrantes”. La obra de teatro, dirigida por Illay Martínez, transcurre en 1898, antes, durante y después del viaje de unos emigrados que esperan echar raíces en Buenos Aires. No faltan la pareja de judíos rusos, la italiana, el gallego, el francés, el alemán. Las valijas viejas atadas con sogas, el violín y el bandoneón, toda la iconografía del inmigrante pobretón con una mano atrás y otra adelante. Hacia el final de la puesta, tres chicos de la calle, con esa mezcla entre desfachatez, naturalidad y prepotencia que tienen para apropiarse del espacio público, se escabullen entre los actores y toquetean sus valijas, sus instrumentos, sus ropas. Dura unos segundos, luego alguien los saca. La imagen, imprevista, es poderosa: los inmigrantes pobres de fin du siècle interactúan con los pibitos descalzos y mugrosos del siglo XXI. Un tipo toma fotos, incrédulo. “¿Viste eso?”, le pregunta a su mujer. Todos lo vimos, pero hacemos como que no.  


Los límites del costumbrismo

 En el microcine de la Dirección General de Museos, en el octogenario edificio de la Costanera Sur donde funcionaba la Cervecería Munich, están proyectando “Balnearios”, el documental de 2002 de Mariano Llinás, a sala llena. La película tiene diferentes historias, diferentes segmentos, y el que se lleva mayores risas y aplausos es el “Episodio de las playas” que disecciona una específica fauna marina local: la clase media que veranea en balnearios del Partido de La Costa. El costumbrismo funciona porque el espectador se identifica con lo que ve, se reconoce, se burla de sus propias pautas culturales. Empieza con una sonrisa, sigue con una carcajada y termina con una mueca melancólica: la certeza de que el momento, y la costumbre, pasará. Finaliza el segmento y una mujer sigue riéndose a carcajadas. Nadie más lo hace. Una señora le chista y le susurra a su compañera: “Ahora hay que hacer un documental sobre espectadores de espectáculos culturales veraniegos”. Esa sí es una fauna peculiar. 

(+) Marcelo Pisarro, Flora y fauna, Revista Ñ, 277, Diario Clarín, sábado 17 de enero de 2009.

Nerds all star... ¡Reloaded!

Estas son las notas a pie de página del otro blog, Nerds All Star, publicado por la Revista Ñ del Diario Clarín. Todo lo que queda afuera. Lo que no alcanza para extenderse y lucirse en la marquesina de la industria cultural. Un breviario.

Las premisas científicas: saquear asquerosamente a otros sitios y que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Las conclusiones: será breve y afanado. Bien recargado.

¿Más data inútil? ¿Más trapitos sucios al sol? Sigan leyendo acá.

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